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A quienes éramos: "El año del pensamiento mágico", de Joan Didion



Cuando me regalaron el libro acababa de morir un ser querido. Pensé que la lectura de un texto sobre el dolor de una pérdida no era adecuado para el momento vital. Cuando tiempo después murió la propia Didion el 23 de Diciembre de 2021 y El año del pensamiento mágico se puso de relieve como una de sus mejores obras recordé que lo tenía y finalmente me he decidido a leerlo y el impacto recibido me ha movido a escribir este artículo.



Asunción Ordoño



Didion, pese a ser un verdadero icono cultural del siglo XX y una de las principales escritoras norteamericanas es conocida, tal vez mundialmente, por el documental El centro cede realizado por su sobrino Griffin Dunne tras cumplir 80 años y disponible en Netflix. Desde sus primeros artículos personales, feministas y de crítica literaria en Vogue, destacó siempre como una periodista incisiva, realista, sin prejuicios, analizando desde dentro el mestizaje cultural, el racismo, la sociedad, la corrupción del poder de EEUU. Fue, sin duda, la abanderada del nuevo periodismo entendiéndolo como una crónica o no ficción en numerosos periódicos y revistas y en ensayos como Salvador (1983) Democracy (1984), Sur y Oeste (2017), Miami (1987) y la recopilación final de muchos de sus ensayos y artículos en Lo que quiero decir (2021). Destacó también en novelas como Río revuelto (1963), Una liturgia común (1977), Según venga el juego (1979) o Su último deseo (1996) con su prosa clara y a la vez profunda y virtuosa. En colaboración con su marido, John Dunne, escribió artículos y sobre todo algunos guiones cinematográficos entre los que destacan Pánico en Needle Park (1971) o Ha nacido una estrella (1971).


John Gregory Dunne y Joan Didion en su domicilio, con su perro. La foto fue colgada por Joan Didion en Facebook hace once años.

Didion escribió El año del pensamiento mágico (2005) un año después de la muerte de su marido John Dunne, con el que estuvo casada cuarenta años, sucedida de forma repentina en el comedor de su casa el 23 de Diciembre de 2004. Escrito para mitigar el dolor y superar el duelo con el que sobrevivió ese año, es el libro escrito por una mujer culta, analista, racional, sobre la irracional actitud de la no aceptación de la muerte como final, pensando, casi inconscientemente, que su marido va a regresar o que puede hacer algo para cambiar el curso de los acontecimientos. En esto se fundamenta “el pensamiento mágico”. Es un texto emocional y racional a la vez; con una estructura envolvente (amplificatio), con reflexiones de otros autores, digresiones, recuerdos... y con la repetición de unos versos, auténticos leitmotiv que unifican el relato. En el libro se cuenta también la grave enfermedad de su hija durante la cual murió John Dunne y que se prolongó durante unos meses en que Didion la estuvo cuidando, aumentando así su desasosiego. Quintana Roo Dunne murió el 26 de Agosto de 2005, cuando El año del pensamiento mágico ya estaba redactado. Tras esta pérdida Didion escribió otro gran libro, Noches azules (2011), sobre el poder devastador de la muerte simbolizado en la pérdida de la luz.


Él recorría largas distancias para cenar con ella.

Tras “el suceso”, como Didion llama siempre al momento de la muerte de John, capítulo tras capítulo, la autora busca una explicación que indique cómo se produce la muerte, cuál es la forma de racionalizar el dolor, cuáles son los síntomas de la enfermedad coronaria de John y la vascular de su hija, cuál es la psicología de una “viuda”... en múltiples textos de médicos, psiquiatras, etc. que lo explican de forma científica. Por eso he mencionado que se trata de un libro escrito por una persona racional que intenta explicar su “déficit cognitivo”, el pensamiento inconsciente de que él volverá y ella puede cambiar la situación. Sin embargo, nada cambia en su percepción del suceso sobre el que da vueltas y vueltas, añadiendo precisión y datos en cada capítulo, mezclado con vivencias y recuerdos de la vida de su marido y su hija, de su trabajo, sobre los que va volviendo una y otra vez creando así una estructura envolvente y amplificada en cada nuevo capítulo.


Se trata también de un libro enlazado en todas sus partes por pensamientos de personajes de novelas, fragmentos de poemas propios o ajenos y sobre todo por unos versos que marcan el tempo del relato: “Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba”, “Yo os digo que no viviré dos días- dijo Gawain” (La Canción de Roldán), y por frases corrientes de su vida “Por una vez en la vida déjalo correr”, “Estoy aquí. Estás a salvo”, “Te quiero más que un día más”.

Joan Didion: “Somos seres mortales, imperfectos, conscientes de esa mortalidad incluso cuando la apartamos a empujones, decepcionados por nuestra misma complejidad"

La llegada muy tardía del informe de las prácticas de reanimación de urgencias y el resultado de la autopsia marcan hacia el final del libro el principio del cierre estructural y temático. La muerte era inevitable al caer en la mesa del comedor y él la presentía. Sin embargo, la relación entre ellos era tan estrecha, solo en contadas ocasiones estuvieron separados y él recorría largas distancias para cenar con ella, y durante cuarenta años tan profunda, que esta es precisamente la explicación del “pensamiento mágico”. Imposible deshacerse de una presencia que es parte de uno mismo. “El matrimonio es memoria y el matrimonio es tiempo...también es, paradójicamente, negación del tiempo. Me pasé cuarenta años viéndome a mí misma con los ojos de John. Yo no envejecía. Y este último año, por primera vez desde que tuve veintinueve, me he visto a mí misma con los ojos de otra gente.” “Nos pasábamos veinticuatro horas al día juntos...Yo no podía contar las veces durante un día normal y corriente en que surgía algo que yo necesitaba contarle a John. Y este impulso no acabó con su muerte. Lo que terminó fue toda posibilidad de respuesta.”

Un libro profundo, con una prosa clara y literaria, una reflexión inteligente y honesta sobre lo irremediable de la muerte y la devastación que nos deja. “Somos seres mortales, imperfectos, conscientes de esa mortalidad incluso cuando la apartamos a empujones, decepcionados por nuestra misma complejidad, tan incorporada que cuando lloramos a nuestros seres queridos también nos estamos llorando a nosotros mismos... A quienes éramos. A quienes somos. A quienes ya no somos. Y a quienes no seremos definitivamente un día”.