• andreunavarra

En la escritura sólida

Marta Rebón publicó "En la ciudad líquida" (Caballo de Troya) un poderoso ensayo inclasificable hace dos años. Sin duda es uno de los mejores libros escritos en español de los últimos años.


Por: Andreu Navarra


Es una buena noticia que nuestro país cuente con dos grandes teorizadoras del viaje: Marta Rebón y Patricia Almarcegui. También es una ventaja que se hayan dedicado a reconstruir literariamente e instalarse en dos países distintos: Rusia e Irán; aunque les une una vocación idéntica de artesanía literaria.

En la ciudad líquida, de Marta Rebón (Caballo de Troya, 2017) es un libro que está llamado a convertirse en un clásico. No sabríamos adjudicarle un género, y de aquí proviene parte de su fuerza. Dejémoslo en que se trata de un libro sebaldiano, que rehúye los aspavientos y nos ancla a imágenes con una prosa concentrada y seria. Digo seria pero no digo densa, porque marta Rebón rehúye también la solemnidad, y esto ocurre porque el tema final de ese libro de libros sobre una vida de vidas es la propia biografía de la autora, una biografía que, como la de Eugenio d’Ors, la de Vila-Matas o la de Borges, está tejida con el destello de la literatura.

Por lo tanto, y se acertó en el título, porque esta escritura es de agua y no de mármol, no es que Marta Rebón nos hable de libros, sino que nos muestra cómo sus entrañas y órganos internos están hechos de literatura rusa.

Las raíces de Marta Rebón son portátiles, dinámicas. Quien busque aquí animosidad o grandilocuencia, que no se acerque. La cosa va de intimidades trenzadas, no de grandes absolutos. En la ciudad líquida pasa con gran ligereza de Tarfaya a Moscú, de Tánger a Estambul, de San Petersburgo a Barcelona, de Nadiezhda Madelstám a Serguéi Doblátov, de Tarkovski a Sokurov, de Dostoyevski a Ulítskaya, de Grossman a Brodsky, de Gógol a Tsvetaiéva, y el resultado es un tapiz de enorme poder sugestivo. Ligereza seria, ligereza alada, que viaja en avión y no en tartanas. Es coger este libro y ya no poder dejarlo. Llegué a él a través de una entrevista que se publicó en el número 430 de la revista Quimera. Fue leerla y comprar el libro ipso facto: quizá ayudara al capricho el hecho de haber pasado media vida obsesionado con la literatura y la historia de la Unión Soviética.


A la vez, Rebón es antisebaldiana. Su prosa se parece a la del alemán por su desfocalización, por su gusto por el brillo gabrielmironiano y las pátinas, pero no concentra el haz en un solo lugar o historia, sino que la descompone en un caleidoscopio de vidas ajenas que la autora ha convertido en suyas a través de la traducción.

Y tampoco nos engañemos: pese a ser el libro más bibliográfico que he leído en años, a la vez es el más vivido. Hay que agradecer a Marta Rebón que primero viviera y luego empezara a escribir. En la ciudad líquida pulveriza cualquier binarismo y se queda con lo único que importa: la literatura. Esta coherencia, esta madurez, no son habituales en esta época cuajada de idioteces y chapuzas vistosas. Su libro ni es vistoso ni oportunista, es una obra que combina la crítica literaria con la más exquisita fotografía, la historia, los trazos planianos y la autobiografía. Nada de autoficción, nada de poses ni modas. Frecuenten las crónicas políticas y de viajes que publica en El País. Son tan redondas como las de Almarcegui.

Que continúe el camino. O el río. O el canal. Tanto nos da. Ojalá dé muchos libros como éste y eleve un ambientillo demasiado obsesionado por lo banal. Yo ya he instalado mi cámara en la orilla. Marta Rebón publicó un libro hace dos años que es gran literatura, como la que lo motivó, y no hay que dejar de decirlo.

contacto

  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
© 2020, The Godmother