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La insurgencia nómada: entrevista a Mónica Caldeiro



Mónica Caldeiro publica "Latitud Sur" (Varasek), un poemario heterodoxo y torrencial que incendia y derroca cualquier tipo de convención genérica, y que desde su mismo origen nació cargado de significados políticos.


Andreu Navarra


1.- ¿Hacia dónde vagan las mendigas? ¿Quiénes son las mendigas?


Empecemos por hablar de quiénes son, o de qué son. Las mendigas son personajes simbólicos en tanto que son la encarnación de lo que sería el Sur utópico al que se dirigen. Son seres despojados, deseantes. Aunque parezca una contradicción, las impulsa el anhelo y la renuncia. Son, en sí mismas, una afirmación y a la vez una negación. Son la oposición al desarrollo y al modelo productivo del capital, y están arraigadas en el azar y lo arbitrario. Son mendigas como lo sería el mendicante budista que renuncia al apego de las cosas materiales, aunque sabe que su existencia es inseparable de la materia: el alma no existe; no hay un atman ni un después de. Tampoco afirma el nihilismo, pero habita la contingencia y la arbitrariedad. La renuncia a la dependencia del sustento básico del cuerpo es una apuesta de vida radical. Las mendigas de Latitud Sur siguen esa estela: el vagar, el no-hacer como confrontación y a la vez como afirmación del ser, como negación de que ser equivale al hacer de la productividad. No es baladí que sus cuerpos sean femeninos: en las sociedades patriarcales, el cuerpo de la mujer es objeto tanto del deseo simbólico como del que es físico y, por lo tanto, violable. El espacio público de las ciudades no es un espacio pensado para el libre movimiento de las mujeres. Contra esto, las mendigas responden con otro acto radical: el de la ocupación absoluta del espacio abierto, vagando allí donde las llevan sus pies, reivindicando su propio deseo como sujetos de ese deseo y despojadas del apego por el mundo que han dejado atrás.


Las mendigas son un símbolo que se dirige a otro símbolo: el Sur (que escribo con mayúscula deliberadamente). Como bien dice Rodríguez-Gaona en el epílogo del libro, «siempre seremos el Sur de alguien», por eso las mendigas vagan: sabemos que abandonan las ciudades, pero no se dirigen a ninguna geografía concreta porque ellas mismas ya son el Sur, portan con ellas todo lo que el Sur es en tanto que símbolo. Y aquí, de nuevo, se produce otro rechazo radical: la idea de destino como lugar y objetivo vital. El vagar no lleva a ningún lugar ni a ningún sino. No hay nada que hacer ni una actividad en la que realizarse. Solo ser, pero ser en la totalidad; en la carne mortal que se es, esa carne que desaparece y se extingue a cada segundo desde el momento de su nacimiento. Son conscientes de la propia extinción y de la extinción de su especie y, a la vez, en el eros que las rige existe un impulso de perpetuación, de creación y de cuidado desesperado por salvar los huesos y la esencia del conocimiento, de la vida y la sabiduría acumulada por la especie humana desde la antigüedad.


2.- Desde los primeros renglones de "Latitud Sur" me parece evidente que el ritmo es una de las claves de tu poesía, lo que podría llevarnos a pensar tu escritura es oral, valga la paradoja. ¿Estás de acuerdo o solo estoy diciendo gilipolleces?


Vas bien encaminado, pero mi escritura va más allá de las convenciones de la poesía oral y escénica contemporánea, aunque las atraviesa. Respecto a mi trayectoria anterior, es evidente que en Latitud Sur se produce un viraje formal que era necesario. Antes solía contemplar el poema como inseparable de esa oralidad. Sin embargo, en el proceso de escritura de Latitud Sur, se produjo un suceso muy interesante: mi cuerpo dejó de estar disponible para los escenarios por un tiempo que parecía indefinido, lo que me hizo replantearme mi propia praxis como escritora. Durante un tiempo, escribir poemas desde esa oralidad dejó de tener sentido, lo que me abrió la puerta a una experimentación formal que me permitió estirar el poema, quebrarlo, llevarlo hacia la fragmentación, hacia torbellinos desbordantes. Por un tiempo llegué a pensar que eso de la poesía oral se había acabado para mí, pero me he dado cuenta de que en mi escritura, por mucho que me permita desmoldar la forma, el hálito, la respiración y la musicalidad ya son intrínsecos a mi escritura, y tampoco quiero que dejen de serlo. Al fin y al cabo, el sustrato oral conecta al lector (o al oyente) con un hecho humano que se remonta más allá del lenguaje verbal. Creo que esa conexión, lejos de ser un escollo, dota a mi escritura de ritmo. Me interesa mantener el ritmo como elemento de mi poética por ser intrínseco a nuestra condición humana incluso antes del nacimiento, desde el mismo momento en que percibimos el latido materno en el útero.


Mis poemas siempre corren hacia adelante, se dan a la fuga con un revólver en la mano.

3.- ¿Qué significó para ti el diálogo literario con Joanne Kyger?


Traducir la obra poética de Joanne fue un antes y un después para mi propia escritura. Todos los autores que traduzco influyen inevitablemente en mi obra, porque, cuando traduzco, escribo a través de ellos. Es inevitable que su escritura me marque de algún modo. Sin embargo, si tengo que escoger a dos autores que hayan transformado mi forma de escribir a través de la traducción, una sería Joanne Kyger y, el otro, Charles Bernstein.


Con la traducción de Joanne entré en la investigación del Verso proyectivo de Charles Olson. Lo hice no solo desde su teoría, sino también a través de toda la estela que dejó el que fue uno de los ensayos sobre poética más influyentes para la poesía de la segunda mitad del siglo XX. Empecé a aplicar la teoría del Verso proyectivo en Avispero como forma de dialogar formalmente con la poesía de Kyger. Y vi que en mi trabajo el resultado fue muy diferente. Los poemas de Joanne son casi arreglos de ikebana; versos que se abren en el espacio y que dejan ver a través. Mis poemas siempre corren hacia adelante, se dan a la fuga con un revólver en la mano.


4.- Sé que eres muy crítica con la recepción convencional o insuficiente que nuestro país ha brindado a las escritoras beatniks. ¿Qué podrías decirnos sobre este tema?


Que hay que distinguir entre el panfleto y el corpus crítico serio, que es lo que realmente se necesita para hacer justicia real a la escritura de esas mujeres (muchas de las cuales, por otro lado, ni siquiera se identificaban con esa etiqueta). En este país apenas estamos empezando con lo segundo, y es lo mejor que puedo desear para que se amplíe el conocimiento sobre su obra y legado.


5.- ¿Qué escritora joven recomendarías ahora mismo?


Como considero que el tiempo es una percepción subjetiva, no me gusta la distinción entre poetas jóvenes y ¿viejos?, ¿maduros?, ¿no tan jóvenes? ¿Qué es la juventud y hasta dónde llega? Lo que quiero decir con esta perorata es que no importa tanto la edad del poeta, sino su poética. Hay poetas jovencísimos con propuestas de lo más apolillado y poetas no tan jóvenes con poéticas frescas, que juegan con los límites, que hacen borde —como diría Montalbetti—. Esas son las y los poetas que me interesan.


Creo que ahora mismo, en la Península, estamos viviendo un momento poético muy interesante. No en vano tengo una pila de unos treinta libros para leer próximamente, y casi todos son de poetas contemporáneos de este territorio. No me gusta mucho dar nombres, porque siempre siento que las listas se quedan cortas y excluyen más de lo que se menciona. Solo diré que me gusta mucho la poesía que se está creando ahora en Galicia y en lengua gallega.


"Me parece mucho más coherente la organización colectiva que quejarse en Twitter"

6.- ¿Hay política en “Latitud Sur”?


Latitud Sur es un libro político desde su concepción inicial. En 2014 visité Grecia en plena crisis mientras en España seguíamos con los coletazos del debacle económico que ya arrastrábamos desde 2008 y que precarizó a millones de jóvenes de mi generación. Sin embargo, en Atenas me encontré un escenario muy diferente del que podía verse en una Barcelona cada vez más gentrificada y aburguesada: algunas partes de la ciudad me recordaban a la Santa Coloma de Gramanet de los años ochenta. La solidaridad internacional podía respirarse en una ciudad que parecía, en aquel momento, casi de posguerra. Sin embargo, la gente que conocí tenía otro modo de encarar esa crisis: algunos estaban involucrados en movimientos ciudadanos que se encargaban de facilitar que los alimentos llegaran a las familias abaratando los precios, como el movimiento Sin Intermediarios. Se crearon centros médicos gratuitos, se ocuparon edificios enteros para crear comunidades donde las personas migrantes pudieran vivir con dignidad lejos de horrores como la segregación de Moria y, en general, se llevaron a cabo iniciativas que me parecían imposibles en esta abstracción legal que llamamos España. A pesar de la precariedad y la pobreza, había lucha y celebración. Esa energía de lucha y de eros es el germen de Latitud Sur. También tomé todas las ideas que existen en el imaginario colectivo de lo que es el Sur para independizarlo simbólicamente de su oposición a ese Norte ordenado y civilizado donde parece que las instituciones funcionan. Pero la pregunta es: ¿necesitamos a las instituciones si somos capaces de una buena organización ciudadana que sea consciente? Sé que esto suena a anarquismo de postal y a utopía barata, pero sí creo que, ya que las instituciones son en cierto modo el fracaso de la organización ciudadana, como mínimo deberían estar a su servicio. En cambio, lo que acaban generando es burocracia, exclusión, opresión y violencia.


7.- Hace poco con el también poeta Adrián Bernal conversábamos sobre qué es el Sur. Nos parecía que haber nacido en el Sur era una buena faena porque los trenes no llegan a tiempo y todo es un desastre, pero de la misma forma nos sería imposible vivir en un Norte aburrido, municipal, racista y ordenado. ¿Qué opinas?


Que no deja de parecerme curiosa esa dicotomía Norte/Sur y cómo puede llegar a enraizarse tanto en el imaginario colectivo. Asociamos el Sur con el sol, con la celebración y con lo dionisíaco (tanto desde la embriaguez extática como desde la tragedia). Sin embargo, para el Espacio Económico Europeo toda la Península Ibérica es Sur (aunque en este territorio podamos identificar Galicia, el País Vasco o Cataluña como Norte). Lo que sí hemos vivido, como países del llamado Sur —que es el Norte de otros—, es la violencia económica y simbólica del Norte, un Norte que desprecia el Sur pero que no puede vivir sin él del mismo modo que no puede vivir sin deseo.


También creo que no deja de ser necesario ser conscientes de que «los trenes que no llegan a tiempo» y los desastres cotidianos varios son fruto de la precarización y la opresión económica; no son un rasgo de las gentes del Sur. Eso sería caer de nuevo en la dicotomía civilizado/salvaje, lo cual no es más que una forma de racismo o xenofobia. ¿Hay algo más civilizado que preocuparte por el bienestar de otros y tomar acciones directas para que ese bienestar sea real? Aunque estaría bien que nuestras instituciones velaran por ello desde el marco de la legalidad, me parece mucho más coherente la organización colectiva que quejarse en Twitter desde un ordenador de este «primer mundo» cuando las instituciones fallan o no están al servicio de quienes deberían.


8.- "La crueldad de la naturaleza es la crueldad del lenguaje". ¿Nos lo podrías desarrollar?


La verdad es que diría que el poema mismo ya lo hace y nunca me ha gustado hablar de mis poemas. Siempre he pensado que el poema que requiere una explicación no es un buen poema, porque debería ser capaz de articular su intento de decir por sí mismo. Así que dejo aquí el párrafo que contextualiza esa frase:


«La crueldad de la naturaleza es la crueldad del lenguaje / la crueldad del lenguaje humano excede con creces la crueldad de la naturaleza / el lenguaje se excede a sí mismo en hasta dónde puede alcanzar / hasta dónde puede alcanzar la crueldad de la naturaleza / no lo sabemos, es lo cierto / si el hombre es parte y forma parte de esa misma naturaleza / no podemos entender al hombre separado de ella / la crueldad de la naturaleza es la crueldad del hombre que se agolpa ante los muros del imperio / hacinado sin espacio para mirarse a las cuencas de los ojos / sobre el silencio escarpado / de un viejo campo de minas / situado sobre las ruinas de una ciudad perdida / levantada sobre el magma y la piedra negra de una tierra volcánica / más inmemorial aún / que la articulación del propio lenguaje».


"Latitud Sur es un libro anti(mono)teísta. Atenta contra cualquier teísmo, y busca la recuperación del rito como acto colectivo y simbólico de significado."

9.- ¿Qué son los poemas esquemáticos y conceptuales de Latitud Sur?


Son parte del viaje del libro, de ese «descenso a las profundidades ctónicas». Las flechas señalan direcciones aunque su rumbo no sea lineal. Los poemas son una gruta en la que hay diversos senderos y por la que se avanza a tientas hasta el final, la salida, el nacimiento de la luz. En esa gruta y en esa oscuridad se produce una conciencia de la pérdida, porque las sombras siempre revelan algo que no vemos a plena luz: la oscuridad es el lugar donde el misterio es intuido o revelado.


En realidad, estos poemas nacieron casi por casualidad mientras experimentaba con una hoja de papel de arroz para la práctica del shodō —caligrafía japonesa—, que estudié durante un tiempo. Esas hojas, cuyo tamaño está a caballo entre el A4 y el A3, tienen divisiones en un color naranja ligeramente pálido. La disposición es la siguiente: sus márgenes están señalados para escribir el nombre del calígrafo o cualquier otra nota, y en el interior hay espacio para cuatro kanjis, con una partición de cuatro cuadrados por kanji. Cambié la disposición habitual de la hoja de su uso vertical a la horizontalidad y empecé a escribir en todos esos cuadrados y a establecer relaciones entre lo que surgía en unos y otros, hasta que se desarrolló la serie de textos que forma la tercera parte del libro.


10.- ¿Has escrito un libro anticristiano?


Latitud Sur es un libro anti(mono)teísta. Atenta contra cualquier teísmo, y busca la recuperación del rito como acto colectivo y simbólico de significado. En todo caso se remonta al mito pero no desde la creencia, sino desde el ritual como acto con un sentido colectivo y psicológico.


Uno de los problemas que han traído las grandes religiones monoteístas ha sido la sustitución del rito por la liturgia, es decir, su conversión para la eliminación del paganismo y su posterior institucionalización. Sin embargo, la pulsión por el rito sigue existiendo de distintas maneras por ser una necesidad inherente al ser humano, pero en Latitud Sur se busca una recuperación de esas formas colectivas del rito vinculadas al mito, a la materia y a la palabra en oposición a los nuevos rituales vacíos del capitalismo y las falsas espiritualidades del New Age.


11.- ¿Cuál será tu rumbo como escritora ahora, si es que sigues algún rumbo?


Como las mendigas de Latitud Sur, en mi escritura vago con curiosidad. No tengo un rumbo, solo proyectos que me arrastran. De momento estoy escribiendo mi primer libro en gallego y mi primer ensayo. Luego ya se verá.