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Queer nativo americano: la comunidad de los “dos espíritus”


Vanessa Losey, Salt River PIma foto de Matika Wilbur para Project 562 Blog

Two Spirit, asegi, berdache, winkte, tercer género, queer, gay, son algunos de los términos con los que se define la identidad de los indios nativos norteamericanos cuya existencia no binaria ha coexistido dentro de su comunidad. Sin embargo, al hablar de su fluidez identitaria, parece que entramos en un proceso ritual metafísico: las distintas comunidades indias americanas reclaman entre otras cosas, su territorio físico y psíquico y, demandan también su existencia connatural pero ¿en qué lugar del movimiento LGTBIQ+ se posicionan?


Jaime Lee Suárez



Podemos cuestionar si estamos ante un espacio real o se trata de un espejismo más del fetichismo occidental. La capacidad de exotizar permanece como un sesgo inherente desde épocas ilustradas y podría seguir interfiriendo en la resignificación cultural de las personas queer indígenas.


La industria audiovisual, históricamente, ha usado las identidades nativas como objetos mediáticos. Cuando romantizamos el transgenerismo indio, otorgamos una categoría lucrativa a la cultura del espectáculo. Además de contribuir a fijar elementos dentro de un imaginario permeable en las capas de la sociedad. Esta estetización pop juega un papel primordial en la historia del capitalismo cultural, el fetiche étnico ha ido unido a relatos hipersexualizados o castrados, violentos o humorísticos.


Una de las primeras representaciones de la identidad Two Spirit en la cultura mainstream fue en 1970 en el filme de Arthur Penn, Little Big Man (Pequeño Gran Hombre) donde Robert Little Star interpretaba a Little Horse, definida por su población Cheyenne como hemaneh “hombre con corazón de mujer.” Durante el siglo XIX, época en la que se sitúa la ficción, las mujeres tribales, se encargaban de instruir a las personas Two-Spirit a partir del momento en el que mostraban su espíritu. Por tanto Little Horse es una parte esencial para la comunidad. Representa un rol documentado en la propia tradición tribal que consideraba a las personas con “dos espíritus” como sanadoras, con gran capacidad de liderazgo y sabiduría empática. Pero a pesar de esto, Little Horse funciona como recurso cómico, como caricatura para aliviar la pesadez dramática del relato. Se presenta como alguien de maneras ampulosas que no pierde la oportunidad de invitar a su tipi al personaje protagonista: un hombre blanco cuyos padres han sido masacrados por los Pawnee. La articulación de las experiencias mediáticas también genera espacios de negociación cultural que navegan entre el estereotipo, el estigma y la representación. Esa tendencia a erotizar o a conferir cualidades místicas continúa perpetuándose en el imaginario hegemónico colectivo actual, claro ejemplo es el caso de la serie de televisión American Gods, donde la actriz Devery Jacobs interpreta a Sam Blackcrow, una entidad Two Spirit con poderes sobrenaturales.

La articulación de las experiencias mediáticas también genera espacios de negociación cultural que navegan entre el estereotipo, el estigma y la representación.

Al mismo tiempo, a partir de la década de los 70, se genera un discurso incipiente que evolucionará hacia el pensamiento decolonial y a la posterior reivindicación de las identidades subalternas.


En el caso de los indios americanos, se comienza a mirar hacia su presencia tanto corpórea como identitaria, a través de la descodificación del metarrelato imperante y su interactuación con la narrativa tribal. Podríamos afirmar que la lectura sobre el pueblo indígena norteamericano se extiende como un cinturón wampun: un objeto extravagante para los colonizadores pero un depositario de conocimiento sagrado e histórico para los cherokee. Desde el momento en que lo biológico se desplaza para hablar de identidades, esto no sólo incluye la demanda de la existencia de más de dos géneros sino que esta afirmación lleva implícita los condicionantes de raza y clase. En la década de los 90, se acuña por primera vez el término Two Spirit (Dos Espíritus) para hacer referencia a las personas nativas americanas que transgreden el binarismo. Personas a las que se dota de la capacidad de desprenderse de lo carnal para cohabitar con más de un género.

1886 We'wha (Zuni, N.M.) Courtesy U.S. National Archives and Records Administration 523798

Pero hay que poner especial atención al impacto que genera este incipiente interés en las personas queer nativas y los procesos sociales que se dan, una vez sometidas al filtro occidental de la normatividad. Tendríamos que anotar cómo dentro de su comunidad han pasado de tener una posición ancestralmente respetada, a convertirse en los rechazados. Obligados a dejar las reservas para, curiosamente, vivir de un modo más tradicional en urbes cosmopolitas.


El pasado queer de los indios nativos americanos ha quedado borrado (o manipulado) a lo largo de los procesos históricos. Esta afirmación implica que las fuentes documentales como la literatura perteneciente a los siglos XIX y comienzos del XX tratara a las personas queer como hermafroditas o como resultado de un error biológico. También es a partir de los años 70, cuando comienzan los procesos de “asimilación” con el fin de “urbanizar” a los nativos que habían sido reducidos a vivir en áreas designadas (reservas) desde 1830 y que concluye con el Indian Relocation Act a finales de los 50 del siglo XX.


Las estrategias que resultan de la planificación urbana son también parte de un proyecto político que, por un lado practica la pornografía de la vida material como signo de expansión pero por otro, disciplina la vida pública. Esta iniciativa de “integración” también significó la disolución de muchas organizaciones tribales y la imposibilidad de retorno. Condiciones que ofrecen una lectura de precariedad general pero que en el caso de las personas queer, provoca que en las décadas siguientes se topen con dos obstáculos definidos: primero, con el yugo opresivo de la comunidad tribal (tras adoptar modos normativos euro-americanos) y segundo, con núcleos urbanos como espacios designados para una supuesta integración institucionalizada. Y es aquí, en este concepto pan-tribal donde se generan las identidades Two-Spirit.


Durante años, los círculos académicos y culturales han usado el término berdache para referirse a las identidades no normativas nativas americanas, sin embargo urge analizar el origen y aplicación de tal concepto. La palabra en sí es de origen persa y era una expresión que se usó durante las Cruzadas para referirse a los catamitas, esclavos masculinos con funciones sexuales pasivas. El concepto fue exportado por los europeos cuya pronunciación varió de la original y, se popularizó cuando los misioneros españoles, portugueses y franceses comenzaron a denominar berdache a las personas indias que no entraban en sus parámetros de género y sexo. Terry Tafoya, psicóloga clínica y persona Two-Spirit afirmó en un estudio de 1991 que la palabra berdache es un término que no usan los nativos puesto que existen numerosas formas de definir la fluidez identitaria según las tradiciones consubstanciales a la cultura india. Hyokia, Asegi, Hemaneh, son algunos de las múltiples palabras preexistentes en las comunidades tribales para nombrar si contaminación derogatoria a las personas queer.


A lo largo del desierto Great Basan, antes de que el idioma nativo fuese reprimido, se popularizaron prácticas rituales de elección de género, como algo natural de la cultura nativa. La ceremonia the basket and the bow (la cesta y el arco) consiste en la elección simbólica entre uno de los dos recipientes. Las niñas y niños de una temprana edad tienen la posibilidad de elegir entre el arco que representa lo masculino y la cesta que significa lo femenino y esto guiará el rol que encarnarán en su comunidad. Una persona biológicamente hombre puede elegir la cesta o viceversa y esto lo identifica como persona que contiene ambos espíritus. De modo que lo que se asume, más allá de la identidad sexual es un rol cultural.


Con la crítica subalterna que tuvo lugar en los años 80, el término berdache pasó a considerarse peyorativo por sus implicaciones opresivas y paulatinamente se fue inspirando en los actos ceremoniales descritos para afianzarse en la terminología que engloba la doble espiritualidad. En el caso de los pueblos Zuni, ubicados en el área designado de McKincley County en New Mexico, no atribuían la categoría de niño o niña hasta los cinco años de vida. Por otro lado, destacaron porque los miembros de su comunidad representaban a la perfección la dualidad espiritual. Algunos hombres pertenecientes a la sociedad kachna (grupo de bailarines enmascarados) desempeñaban de igual manera trabajos domésticos y artísticos, tanto como ceramistas como tejedores y se enterraban con vestidos femeninos y con los pantalones de algodón de los hombres kachna.


Si miramos hacia los efectos de la urbanización, estos pudieron reactivar un diálogo entre las raíces chamánicas de la identidad fluida y los descendientes nativos contemporáneos, por tanto ¿No surgió esta a modo de contrarrespuesta a la regularidad de lo que algunos autores llaman “expresión queer blanca”? A finales de los 90 se generó una corriente intelectual que trató de definir la identificación Two Spirit como un intento por parte de la comunidad nativa de distanciarse del deseo carnal occidental y elevarlo a un estrato supranatural que los desvinculara de la epidemia del SIDA pero ¿no podría ser un intento de fundamentar una identidad queer post apocalíptica? La necesidad de marcar unos límites con las identidades gays o lesbianas blancas podría estar cimentada en la necesidad de despatologizar el constructo cultural de lo que es la identidad india en sí. Las comunidades queer nativas comparten una historia común con las personas císgenero indígenas, una experiencia comunitaria fruto de la aculturación. Por tanto, la manera en que activan sus espacios privados y comunes proviene de prácticas sociales diferentes a las de los grupos blancos de clase media. El trauma histórico compartido confiere a las personas identificadas como Two Spirit características sanadoras a través de la espiritualidad.

La necesidad de marcar unos límites con las identidades gays o lesbianas blancas podría estar cimentada en la necesidad de despatologizar el constructo cultural de lo que es la identidad india en sí.

La historia textual asegi, analiza la tribalidad como arma política y reclamo de permanencia pero, al mismo tiempo elabora procesos de emancipación que provocan una segmentación. Esta fractura se solventa recurriendo a la categoría prístina de sus orígenes, como seres míticos, sabios espíritus sin género concreto que funcionan como una declaración de intenciones. La fetichización de la sangre, como elemento místico relacionado con el arcoíris crea también relatos bidireccionales, por un lado se hace referencia a la identidad Two Spirit como esencia etérea pero por otro, esta identidad queda desprovista de agencia sexual. Las fuentes cherokee, al basarse en la tradición asegi para proclamar la libre elección de identidad, no tienen implicaciones relativas a la explotación o la dominación sexual. Sin embargo, a partir de la década de los 70, los procesos de urbanización que se experimentaron al abandonar las reservas e introducirse en las dinámicas urbanas, derivaron en muchas ocasiones, en el abuso de sustancias y en la prostitución (entendida como mascarada de una subsistencia basada en la demanda de una clientela mayoritariamente blanca y heterosexual que creía que estaba pagando a mujeres indias a cambio de sexo oral).

Tony Enos, Cherokee por Matika Wilbur para Projetc562

Esto puede implicar que el proceso de aculturación sufrido en grupos como los Sioux, los Cherokee o los Menominee, el transgenerismo o la no obligatoriedad de identificación con una conducta según marcadores biológicos, haya logrado mutar el pensamiento indígena tradicional para convertirlo en trauma cultural. Un reflejo de estos procesos es la obra del autor de origen mohawk, Maurice Kenny, que desarrolló gran parte de su obra literaria a la luz de la alienación urbana y el aura de desconexión que esta genera entre las personas queer que dejan las reservas en pro de lugares de expansión. Los distintos sistemas de coerción que han utilizado las tácticas colonizadoras se han centrado en el ataque de la sexualidad y el género indígena, suprimiendo las nociones tribales de género pero muchas poblaciones nativas como los cherokee o los zuni, han desarrollado una respuesta a tales morfologías culturales y esta es la erótica de la resistencia como herramienta decolonizadora. Recuperar la historia cosmológica de las personas Two-Spirit se transforma en un acto en contra del sistema heteropatriarcal cristiano con el que se configuraron los sistemas comunitarios.