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Lesbianismo y dinamita: el activismo feísta de Tatiana de la Tierra




¿Qué sabemos de las literaturas norteamericanas ocultas? Poca cosa, en realidad, más allá de cuatro tópicos. Sin embargo, si estiramos de una cereza concreta, la de Tatiana de la Tierra, accedemos a una zona especialmente activa y libre de la cultura lésbica y racializada de los Estados Unidos.


Aroa Noriega


Tatiana de la Tierra, colombiana de nacimiento, llegó siendo aún una niña a Miami. Desde muy pequeña supo cuál iba a ser su identidad, que desarrolló haciéndose masajista ocasional y conociendo a mujeres racializadas en festivales de cultura lésbica. Escribió: “Recuerdo tener 5 ó 6 años de edad cuando mi mirada deseosa ya se posaba sobre aquella lesbiana morena de encías negras”. Años después, en los noventa, su fanzine titulado “Esto no tiene nombre” se convirtió en un auténtico mito, continuado por el más efímero “Conmoción”. En 1990, contrajo lupus y necesitó nuevos caminos, que le condujeron a una maestría en Literatura Creativa en la Universidad de Texas. Más tarde fue bibliotecaria en la Universidad de Buffalo, actividades que combinaba con su condición autoproclamada de bruja.

Tatiana de la Tierra: "Píntame una mujer peligrosa / una que coma culebras / una que ladre / que se peine la barba / una mujer con la vagina violada / con las tetas caídas / una que singue y goce / una que tenga cucarachas aladas / al lado de la cama"

Así es como Tatiana Delatierra se convirtió en un nodo viviente de experiencias periféricas. Grandes escritoras latinas colaboraron en su primer fanzine bilingüe: Cherríe Moraga, Achy Obejas, Carmelita Tropicana, Laura Aguilar, Marcia Ochoa, Juana María Rodríguez y Luz María Umpierre, y que al principio, como todo fanzine, sería distribuido de mano en mano en encuentros de lesbianas feministas.


Así como Virginie Despentes dedica sus páginas a las mujeres camioneras y a los hombres feos y calvos, Delatierra en “Oda a las lesbianas desagradables” reivindica la fealdad, la cojera y los estilos deslenguados. En “Mujeres con barba”, defiende la exhibición del vello escandaloso convertido en fuente de perversidad sensual. La cultura explota en mil pedazos cuando los seres reales aceptan su monstruosidad y no sólo se quedan en esa integración, sino que la defienden como una experiencia excitante.


Sus versos, a medio camino entre el tono burlesco y la antipoesía erótica, suenan así:


“tengo ansias de una lesbiana regorda

tan grande que no cabe dentro de la puerta de Starbucks

y tienen que construir un café afuera para ella

tan gorda que se pone pulseras en los dedos

su estómago es un tambor

sus estrías son grabados jeroglíficos

es tan pesada que los platos tectónicos se mueven debajo de sus pies

tan grande que el Lago Maracaibo es su bañadera”


Tatiana adoraba a las personas cojas y radicales, a las feas y a las peludas. Entre sus libros es especialmente recordado el primero: “For the Hard Ones: A Lesbian Phenomenology / Para las duras: Una fenomenología lesbiana” (Calaca/Chibcha Press, 2002), un trabajo de prosas poéticas de tema lésbico. Si no aceptas la disidencia y amas el buen gusto no te acerques a los escritos de Tatiana de la Tierra y sigue aburriéndote con los rollos habituales.


Tatiana de la Tierra desapareció en el año 2012 dejando la mecha encendida de una enorme bomba. Quienes la conocieron la recuerdan como a una persona de extraordinaria calidez y talento.